Ni tan princesa, Ni tan cabrona

Yo opté por ser madre a los 16 años

Me encontraba cursando segundo medio en el colegio Santa Cruz, creo que era una de las pobres del curso, mis padres con esfuerzo nos pusieron a mi hermana y a mí en ese colegio donde la mayoría de mis compañeras  tomaba vacaciones en el extranjero, pero eso nunca marco una diferencia  entre nosotras, al contrario tenía muy buenas amigas, con 16 años, flacuchenta, algo tímida y muy inexperta en las relaciones de pareja, llevábamos pololeando un año, no recuerdo bien, lo que si recuerdo que un día no me llego el período menstrual y no podía aceptarlo, tenía tanto miedo de aceptar que estaba embarazada que me negué rotundamente a esa opción, parecía enferma, cada día más flaca, hasta en el colegio se preocuparon por mi delgadez, pálida, ojerosa y todos los día vomitaba hasta el agua que bebía, pero yo seguía aferrada a una mentira, me engañaba todos los días creyendo que era una enfermedad y me llevaron a varios médicos, me tomaron radiografías, me puse hasta la vacuna de la meningitis y nada,  seguía igual o peor, llegue a pesar 40 kilos , hasta que un día mi mamá me llevo donde un ginecólogo y este me dijo que ya no podía seguir engañándome y debía enfrentar la realidad, ya llevaba un embarazo de seis meses, desde ese momento todo se desmorono en mi familia, fue la primera vez que vi llorar a mi papá, mis primas dejaron de visitarme, me prohibieron visitar a mi bis abuela Rebeca, decían que la podía matar de una impresión “ese fue el dolor más grande de mi vida, porque el día que nació mi hija, murió mi bis abuela y no me pude despedir de ella”. Pero eso no fue lo único,  todo estaba empezando recién, por un lado mi abuela Laura intercedió por mí y dijo que nadie me sacaba de su casa y que era muy niña para casarme, tuve que dejar el colegio en esos años los embarazos adolescentes y ser madre soltera era muy mal visto.

En fin,  fue un embarazo difícil en todo sentido, no había tantos avances en la medicina y el médico me dijo que me encomendará a Dios para que mi hija no naciera con algún retraso por haberme inyectado la vacuna de la meningitis o que naciera incompleta o con seis dedos por haberme expuesto a los rayos x, que tortura fueron esos tres meses, que miedo y culpa sentía. Hasta que llegó el momento era de noche  y mis papas me llevaron al hospital Barros Luco, me trataron como las pelotas desde el primer momento y yo seguía vomitando, eran unos dolores atroces y no me podía quejar porque me retaban, recién al otro día como a las dos de la tarde pase a pabellón, la matrona era una bruta, cero empatía, me decía que me callará y que no me quejará,  un momento después de tanto pujar, comenzó a gritar a pedir ayuda a otros médicos y yo me desvanecí, desperté al día siguiente y no veía a mi guagua, no sabía nada de ella, un médico que paso visitando a las mamás de esa sala que éramos alrededor de veinte, me pregunta si yo sabía que me había pasado, me dice que tuve una inversión uterina (ósea que se me dio vuelta el útero) y que eso le pasa a las mujeres que han tenido muchos hijos.  A las horas después me traen a mi bebe y dicen ahí esta vístela, lo primero que hice fue contarle todos sus deditos para ver si tenía cinco en vez de seis, no sabía qué hacer con ella y una mamá que ya era experta me la vistió y así fue como llegaste a mi vida y yo opte por tenerte a pesar de todo ese sufrimiento mi querida hija Jocelyn.


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: